Al llegar la noche el Centro Histórico luce un manto níveo que cubre el cielo azul marino. Hace frío en la capital; la lluvia ha dejado de caer. En el núcleo de La Plaza Grande se exhibe el grandioso monumento en honor a los próceres de la gesta libertaria de 1809.
A sus alrededores los muros de piedra narran el galope de la historia, sus revoluciones, derrotas y victorias. La estructura arquitectónica todavía conserva la organización de las ciudades europeas de antaño; conformadas por la plaza, el palacio de gobierno, la alcaldía y la iglesia.
Las calles están desiertas, salvo por algunos transeúntes que dirigen sus pasos hacia diferentes destinos.
Entre la García Moreno y Sucre está situada una de las iglesias más esplendorosas de Quito. La Compañía de Jesús erigida en piedra al estilo barroco; caracterizado por amontonar múltiples adornos en un mismo sitio, de forma que corazones, santos, querubines y serafines alados engalanan la fachada.
Continúa el recorrido al doblar la esquina frente al Museo Numismático hasta llegar al final de la cuadra. Se encuentra el inmenso atrio de la Iglesia de San Francisco; antes ocupado por cientos de palomas que sobrevolaban el firmamento, emitiendo sus acostumbrados gorjeos. Ahora la entrada permanece amurallada debido a la construcción de la parada del Metro de Quito.
Finaliza la aventura turística en uno de los barrios más representativos de la capital. La Ronda singularizada por sus estrechas callecitas y sus románticos balcones llenos de geranios rojos, rosas y blancos.
A este punto de Quito acuden cientos de personas de todas las edades. “Para disfrutar en familia, pegarse sus empanadas y bailar.” Comenta la propietaria del Restaurante Cuchara de Palo, Mariuxi Álvarez. Por todas estas razones. “El Centro Histórico de Quito es Patrimonio Cultural de la Humanidad, según la Unesco.”
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