Quito, una ciudad que resalta lo colonial y lo moderno fundada un 6 de Diciembre de 1534 es una de
las ciudades más representativas del Ecuador. Constando con una arquitectura
colonial propia de la escuela quiteña.
Sus calles y avenidas empedradas
se encuentran llenas de historia, en cada una se guarda el misticismo y el
romanticismo; que la carita de Dios
esconde en sus noches eclécticas y en
las mañanas el cántico
del gallo de la
catedral nos despierta.
El centro histórico es
uno de los lugares característicos de Quito que acoge a turistas nacionales y
extranjeros. Entre blancos, negros, cholos y mestizos, La Plaza de la
Independencia nos envuelve con su historia puesto que en honor al 10 de Agosto
de 1809, se colocó un monumento con el fin de recordar a los independentistas.
En la Plaza Grande se
encuentra el Palacio Nacional, laCatedral Colonial, El Palacio Arzobispal y el Municipio Quiteño, conformado por
un conjunto arquitectónico que seduce a
propios y extraños.
Una ciudad de Dios de
ventas ambulantes, de cargadores y de smog. Entre aromas y venta de veladoras, lo celestial y lo terrenal nos da la
bienvenida, una mirada, una palabra, un ritual extraño llamado santiguarse
envuelve a los creyentes de la fe Católica en las iglesias de la ciudad.
El arte colonial, su
arquitectura gótica, los acabados en pan de oro, han hecho que las Iglesias se
conviertan en la figuras más representativas del arte barroco colonial, ManuelChili conocido como Caspicara, Diego de Robles y José Antonio Olmos, tallaron y
adornaron desde el año 1.500 las iglesias de esta gran metrópoli.
A través de la cerámica
se daba forma a las imágenes, prima el buen gusto y la extraordinaria
imaginación que se ponía en cada figura divina. Una de las más bellas iglesias
sin duda es la Compañía de Jesús que adornada con lienzos y cubierto con polvo
de oro da vida a una de las construcciones más famosas de la época colonial.
No estoy enferma el
diablo existe y no quiero verlo, aunque en forma de arte fue todo un gusto conocerlo.
El exquisito cuadro del infierno pintado por Hernando de la Cruz, discípulo de
Caspicara en la Escuela Quiteña. Una inspiración hecha obra de arte, fue en este templo que en 2007 José Saramago escritor
y periodista portugués tuvo la oportunidad de visitarla, tanta fue su
admiración que pronunció lo siguiente “Ahora entiendo porque el hombre
cree en Dios”.
Entre la neblina espesa
y el ambiente gélido de la ciudad a pocos metros nos detuvimos en una calle
estrecha, sin muros y llena de luces “La Ronda”, llamada así por los españoles
debido a las famosas noches de “Ronda”; donde se solían reunir poetas, pintores
y escultores en los grandes salones rojos. Para
tener un momento de relajación y
conversaciones sobre temas que al amanecer era imposible pensar que se hablaba
de ciertas cosas en esta conservadora localidad.



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