La carita de Dios nos recibe con un viento helado, podríamos
decir que nos congeló los huesos. Muy al fondo de la calle se escuchó unas melodías de un acordeón tocado por unas
ancianas manos, al ver todas las iglesias iluminadas se refleja lo hermosas que
son y lo que albergan tanta historias que todavía no son contadas.
Al caminar por las calles empedradas del centro histórico de
Quito nos damos cuenta que cómo un patrimonio nacional todavía sigue vigente y
no se ha quedado en el olvido, al llegar al final de ruta de las iglesias nos encontramos
a que todo ser quiteño se diente identificado “La Ronda”
Al entrar a la ronda nos encontramos a papá e hijo haciendo
un baile folclórico del país con un entusiasmo que reciben a los visitantes,
cada cuadra cada esquina nos encontramos con muchas personas disfrazadas de
diferentes películas de terror, ficción y
de aventuras esta famosa calle, también se puede encontrar diferentes platos típicos
como son las empanadas de viento, el canelazo entre otros
Pero esto no siempre es tan concurrido, cuando se inicia sus
fiestas de Quito muchos hacen que “La Ronda” sea su lugar tradicional para
celebrar a nuestra ciudad después de estas fiestas no es tan concurrido como lo
parece
Como quiteños tenemos tremendas joyas históricas, que tenemos que permanecerlas, para que nos sigan contando a través de años sus grandes secretos
Delcy Galeth


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